Descripción

Esta pieza instrumental ha sido montada sobre la base de una estructura jazzista que nos remonta a esos momentos en los que Nueva Orleans era el epicentro de este género. Szestay decide mantener todos los elementos que identifican al jazz de esa época, pero dentro de una interpretación particular. Un ejemplo de su adhesión a lo tradicional es la utilización del piano como único instrumento para la producción de sonidos.

Las primeras composiciones de jazz se tocaban a partir de esta herramienta musical, por eso se le adjudica el nombre de género pianístico o jig piano style. A finales del siglo XIX empezó a tomar un matiz denominado ragtime, que traduce tiempo rasgado. Lo que quiere dar a entender el término es una estrategia en la composición utilizada para quebrar el ritmo regular acentuando una nota en lugares semifuertes o débiles de la partitura.

Al revisar Coffee Shop se puede percibir el ragtime a una velocidad media, pero sin duda rota como en el jazz tradicional. La rapidez controlada le confiere cierta elegancia a la pieza. No se trata de una producción como Maple Leaf Rag que es la clásica composición del rag. Esta se encuentra pensada para escuchar más que con el fin de levantar a la gente de sus asientos. Su ritmo suave y limpio funciona a la perfección como un fondo musical.

Es por esto que el conocimiento del cine y la interpretación actoral se hacen notar en Coffee Shop. La música está hecha para evocar escenarios similares en la mente de quienes escuchan. Cuando el receptor empieza a digerir la melodía va alimentando imágenes que lo llevan a esa última década del siglo XIX y los primeros 10 años del siglo XX en EEUU. La pieza de Szestay nos traslada a esos lugares clandestinos donde nació el jazz.

La satisfacción de oír música escrita por un compositor que se dedica a hacer bandas sonoras es que tiene esa cualidad de hacernos ver y sentir escenarios fácilmente. El autor conserva el género de una forma tan depurada que solo podemos imaginarnos este tipo de situaciones, quizás no la misma, pero semejantes. Los ritmos de la melodía nos llevan por ese camino interpretativo que reaviva la creatividad del oyente despegándolo de la realidad.

Szestay es capaz de crear cualquier estado de ánimo mediante la elección de las notas, el ritmo y la melodía. Es eso lo que se puede confirmar en Coffee Shop aunque es un rasgo que arropa a la totalidad de su obra. De aquí que se vea en él a un autor musical de gran talento para vivir una ficción de película en cualquier momento del día.

Es un hecho que estamos ante un profesional capaz de hacer magia a través de sus creaciones. Con Szestay la música trasciende sus propios límites para conectarse con el séptimo arte. Su experticia al motivar imágenes a partir de arreglos sonoros es una cualidad que lo ha puesto entre los mejores. Para tener esta experiencia puedes descargar en mp3 esta pieza y las que desees.