Descripción

Una vieja frase afirma que la música es el lenguaje de los dioses. Si ese fuese el caso, este suave instrumental sería la obra de un dios muy interesante. De buenas a primeras, las duras y adoloridas cuerdas del violín acompañan la armonía del piano, son uno solo en medio de un hermoso vals hasta que una pequeña batería irrumpe en la escena. Entonces, la melodía se modifica, y aunque no pierde ese toque suave y tenue del comienzo, el cambio le confiere energía. Así, su ritmo acompasado, fresco y ligero nos hace levitar. Mientras escuchamos, alzamos en vuelo a través de nubes frondosas y un cielo que recuerda a la inmensidad de un manso mar cristalino.

Entonces nos perdemos. Definitivamente nos perdemos. Al escuchar este instrumental no sabemos controlar nuestros pensamientos. Las ideas golpean el cerebro, llegan una tras otra pero no lastiman. No estresan ni pretenden mortificarnos. Esto solo sucede porque la melodía promueve la meditación. La suave mezcla de sus instrumentos brinda una plenitud exquisita, ideal para una larga jornada reflexiva, la toma de decisiones o el encuentro con nuestro yo interior.

De esta manera, piano tranquilo y relajante no titubea, tiene muy claras sus intenciones. Como instrumental mantiene una tónica perfecta, un hilo conductor que no se aleja de su base y nos permite conectar con su sonido. Mientras disfrutamos de él, sentimos que el mundo entero ha ido desapareciendo para ser reemplazado por el que nuestra imaginación, emociones y pensamientos deciden construir. No hay nada que esta pieza no pueda obsequiarnos y como música relajante es genuinamente atractiva e ideal para dar fin a un día estresante o ser el motor de un nuevo día que, con la ayuda de este instrumental, seguramente será sumamente productivo.