Descripción

En esta oportunidad vamos a descubrir a un Semme bañado con el mar salado del Caribe y el sol suave de la playa. Puerto Rican Luv coquetea con la sabrosura del dembow, el cual utiliza a conveniencia para mezclar su voz, y la de los coros, con el sintetizador y así generar un sonido agradable, que encaja a la perfección con los juegos de bombo y caja de la canción y que parece enmarcar su voz hasta dotarla de una sensualidad exquisita.

Esa sensualidad no es fortuita, viene de la acertada decisión de Semme al apostar por el español. Aunque él es originario de Washington, tiene muy claro que en las experiencias hay oportunidades. No se pone excusas y se reta a sí mismo a cantar en otro idioma, sumándose así a la ola que lleva algunos años penetrando el mercado estadounidense y posicionando a la música latina de una forma prodigiosa gracias a su sabor, frescura y, especialmente, al ritmo que obliga a las personas a bailar.

A pesar de que su pronunciación denota que no es un nativo del idioma, en ningún momento esto impide que el oyente pueda hacer suya la canción, de hecho, es gracias a este rasgo particular, y a las frases cortas, que la canción tiene tanto espacio para producir cambios y juegos que se sienten tan latinos. De esta forma, los sonidos están creados especialmente para que sus frases (a veces incluso en spanglish) encajen perfectamente en tempo, ritmo e intención, lo cual se hace más evidente conforme se suman voces de refuerzo y cambios de intensidad en los coros, generando descansos breves, para luego irse arriba con un ritmo que bebe mucho del hip hop con una voz dinámica y segura la cual, como dardo, se inserta en la pista y produce un sonido de fiesta.

Durante toda la canción el juego parece evidente: el ritmo se acelera y decae gracias al bombo y caja y a los sonidos que lo acompaña, también al hecho puntual de que la voz parece encadenada al capricho de los instrumentos. Cuando el ritmo se hace fuerte, Semmel se vuelve más seguro, despreocupado, incluso parece llevar la iniciativa y gobernar la pista; sin embargo, al volverse más lento y sensual, la música crea su propia atmósfera y obliga al cantante a adaptarse a ella, paseándolo por compases de coros suaves y el coqueteo del ritmo que seduce los sentidos.

La intención detrás de todas estas piezas que se mueven como una sola y que juntas forman un trabajo maravilloso parece encontrarse en las caderas. Si se cierra los ojos mientras se escucha, aparece mágicamente una figura en contraluz, precedida por el mar de fondo, y que se mueve al ritmo de la canción; sus caderas son un faro que atrapan la mirada y generan una atracción inmediata, casi imposible de evitar y a la cual deseamos, con todas nuestras fuerzas, seguir hasta el fin del mundo, hacia el sol, la espuma y el mar.

Es por ello que el sonido de Puerto Rican Luv es, en pocas palabras, adictivo. Es imposible no desear mover las caderas, el cuerpo, la cintura, hasta el alma en sincronía de su compás. Su sonido empuja las imágenes del eterno verano, del sol y la playa de Puerto Rico, y así, El Caribe, de a poco, va surcando por la imaginación y levanta las figuras de cuerpos jadeando, la cerveza fría, sudando en su jarra, y las preocupaciones lejos, tan lejos que, en los breves minutos que dura la canción, la única preocupación es mover el cuerpo y sentir que la felicidad es aquí y ahora.

De esta forma, Semme logra posicionar esta canción como una pieza interesante de su repertorio, que se adhiere a los ritmos y sonidos latinos y que puedes descargar gratis y llevártela para disfrutar en la playa, no te arrepentirás.