Descripción

Las notas de la guitarra acústica que inauguran la pieza marcan el tono melancólico del tema. Inmediatamente una voz femenina, delicada y expresiva, acompaña la melodía, que de forma progresiva va creciendo y desbordándose en una pieza difícil de clasificar bajo categorizaciones convencionales.

Quien escucha la pieza por primera vez asumirá, erróneamente, que se trata de una balada pop acústica sin mayores distinciones. Niwel subvierte las expectativas al añadir toques electrónicos, una base rítmica bailable, una línea de bajo profunda y sensual, destellos de sintetizadores y efectos vocales que transforman la voz femenina en una voz futurista, casi robótica, digna de un personaje de ciencia ficción.

A pesar de los toques electrónicos y la manipulación en la voz femenina, el tema no pierde humanidad en ningún momento. Este juego con la voz, cuyo tono en el estribillo pasa de grave a agudo con la magia que permite una perilla de sintetizador, hace que la voz se convierta en un instrumento más que resalta entre una interesante gama de sonidos. Así, la voz original y la voz modificada se intercalan con un dinamismo contagioso que logra resaltar el carácter introspectivo de una canción cuya protagonista le habla a una ausencia, a un amor que ya no está más que en sus propios recuerdos y sus pensamientos.

Resalta de manera inmediata el contraste entre el contenido lírico y la velocidad y el ambiente que propician los instrumentos y sintetizadores. Temas como la soledad, el desamor, la ausencia del ser querido y la tristeza de lo que fue y ya no será son más comúnmente cantados sobre melodías lentas en escalas menores. Niwel, sin embargo, lleva la tristeza a la pista de baile, sin restarle importancia. Más bien, como pregona la voz femenina, el tema encuentra placer en el dolor.

El tema se debate musical y líricamente entre esos dos opuestos, logrando armonizarlos de manera perfecta en tres minutos y medio de sensaciones y sonidos contradictorios que logran funcionar y tener sentido gracias a la producción impecable, la perfecta dosis de innovación y la estructura flexible y edificante.

Se trata, sin duda, de una joya electroacústica que logra sacar enorme provecho de pocos recursos exprimiéndolos al máximo: la misma melodía inicial se repite en bucle a lo largo de todo el tema, la base rítmica varía poco o nada y la voz repite varias veces los mismos motivos, todo esto para sorprender a mitad de la canción, cuando unas delicadas notas de piano acompañadas por violines anuncian un breve quiebre, un momento de relación antes de volver a estallar el movimiento y el baile.