Descripción

La melodía inicia adolorida. Un piano canta en la oscuridad. Está solo. En sus notas hay un aullido suave, casi una canción que se lleva el viento en una espiral hacia la luna. Su quebranto nos dice algo muy íntimo. Antes no estuvo solo. Antes no lo estuvo. Y eso que le falta es la querencia que proyecta en sus notas y levanta el sonido de un anhelo imposible, apenas un eco que se consume muy lentamente, nota a nota, amenazando con extinguirse. Pero no se rinde. La melodía sigue allí, cada vez con más fuerza, tratando de traerla de vuelta, intentando recordarla tal y como era. Y en ese esfuerzo algo se proyecta, algo ligero y suave, el motivo de su dolor.

Ya no son notas mansas las que avanzan en una progresión armónica, no. Ahora hay un recuerdo, la manifestación casi palpable de ese alguien que antes estuvo y que se introduce sin aviso a la pieza. Es el violín, que en lugar de empezar con sus notas altas y agudas, inicia desde lo más grave, como si llevara un poderoso dolor en las entrañas hasta que lo suelta y se permite fusionarse con la melodía del piano. Juntos están creando algo mágico. Es una conversación que los hace bailar al compás de la brisa y que habla de amor y juventud, de odio y olvido, de adiós y derrota.

Todo ese pasado juntos se desvanece por este instante. Ahora solo importa esta melodía sublime que generan juntos, como uno solo, y que pareciese dibujar la imagen de una hermosa pareja. Ellos danzan en medio de la oscuridad, con un cuerpo hecho de ilusiones y promesas. Bailan un vals de enamorados, un idilio eterno al compás de sus sentimientos, giran, se mueven en perfecta coordinación. Así se siente la mezcla del piano y el violín, como el baile de dos amantes que respiran por el otro y se mueven para no estar quietos, para evitar que la vela se consuma, que el tiempo se acabe y llegue la hora de la despedida.

¡Cruel despedida! Amenazante los persigue mientras huyen, mientras intentan escapar de ese cruel tic-tac. Y conforme su sonido se hace más puro, sus formas se desvanecen, cada vez más rápido. Se miran, se contemplan por un segundo que parece eterno y cesan. El recuerdo muere. Y volvemos a las notas desdichadas del piano en soledad, que no soporta por mucho tiempo y decide quedarse en el más absoluto de los silencios, a merced del dolor producido por el adiós.

Lo que hace Labile Polvore es majestuoso. Su sonido es encantador y ni por el más mísero segundo permite que los instrumentos mueran. Siempre están allí, intentándolo, buscando la forma de sobrellevar la suerte que poseen. No hay espacio para pausas. Durante estos breves minutos todo se dice. Absolutamente todo. Y por esta razón lo que escuchamos es el sonido del alma, narrado por la melodía suave del piano y el violín, juntos, como un todo, intentando callar el presente y refugiarse en las voces del ayer.

Este soundtrack es el perfecto acompañante en esos días en los que solo deseas escuchar el eco de la melancolía. Está compuesto para todas las personas que logren verse reflejadas en ese vals alucinante que forma el pasado y el presente. Para aquellos que necesitan sacar los pensamientos de su cabeza y dejar que vuelen hacia el cielo. Para quienes necesitan definir sus sentimientos a través de un sonido, aquí está Labile Polvere, una gloriosa obra que puedes descargar gratis y permitirte navegar a través de su sonido.